• Anibal Venegas

Hombres: lo que ellas NO quieren

Desde hace un par de años la nueva ola feminista se ha tomado las portadas de diarios y programas de televisión, desfiles de moda, conversaciones a la hora del after office, chismes de pasillo, cátedras universitarias e incluso insultos. Lo que nos ha asustado a los hombres es que, aparentemente, el llamado “Patriarcado” es una matriz de (sin) sentido cuestionable y fácil de derribar con dos o tres argumentos. Básicos. Y claro, resulta que las mujeres no son objetos sino sujetos pensantes y libres por naturaleza y exigen un tratamiento justo, objetivo y subjetivo en todos los niveles, desde lo académico hasta lo frívolo. ¿La respuesta tonta más repartida en reuniones y redes sociales? Feminazi. Dios mío, es decir: mezcla de nacionalsocialismo con feminismo, cuando esta última es una corriente política y de pensamiento nacida a partir de la contracultura… ¡con filosofía y literatura incluida! Los hombres nos vemos cuestionados en nuestra posición de privilegio y hemos debido cambiar por urgente necesidad. Ahora la mujer –en realidad, todo lo que no es “Lo Uno” sino “Lo otro” en estricto sentido hegeliano– no es la que se embaraza, “estamos embarazados” repiten los recién casados que ya fantasean con azul o rosado para la habitación del primogénito. Y si la educación será Montessori o Waldorf, y si es conveniente hablar en lenguaje inclusivo, ese que no se refiere a “nosotros” por asumir la masculinidad erróneamente, sino a “nosotres”. Esta columna no es una lectura de cartilla para los “caballeros” ni una teoría exhaustiva ni contribución académica, sino algo simple, una respuesta a la pregunta ¿Qué cosas básicas le desagradan profundamente a la mujer del Siglo XXI, liberada, con doctorado y múltiples viajes en el cuerpo y que los hombres estamos haciendo mal? La lista es larga, sin embargo, repasaré algunos tópicos, muy superficiales, pero que en mi opinión sirven para empezar a quitar de la cabeza la tontera del Machote que ya no da para más. Se trata de ética y estéticas cuestionadas ¿Están de acuerdo o no? Atentas y sobre todo ¡Atentos!


Mal aliento


Allí está, en el rincón más iluminado del bar, el macho alfa y sus 4 copas de ron barato fermentando en el estómago, subiendo y bajando por el sistema digestivo. Se acerca al final de la treintena. Como hace algún tiempo leyó que si uno toma precauciones “saludables” para evitar el cáncer de próstata y el aterrador examen de tacto rectal, él, siempre precavido, va y consume un ajo diario a fin de “limpiarse” desde dentro. Lo que sale hacia afuera es un hedor putrefacto que el alcohol, el cigarro y el café de la mañana y el expreso del mediodía no ayudan a reducir sino todo lo contrario. Pero esto no es óbice para que el susodicho se crea el eje del mundo, el “delfín” de Francia, y empiece a hostigar a mujeres solas, o peor, a la bartender, con frases de ligar cuyo patético contenido pasa a segundo plano, toda vez que el mal aliento se apodera del ambiente ya viciado por la mezcla de los perfumes y desodorantes de la masa ebria. Hombres: si vamos a “flirtear” o tratar de entablar una conversación medianamente inteligente, por favor, tengamos la decencia de al menos escobillarnos los dientes o por lo bajo examinar que el olor no se acerque tan peligrosamente a la cloaca. ¿Y encima se espantan y llaman Feminazi a la que siente nauseas por el aroma a heces calientes que despiden desde el centro del paladar hacia afuera? Recomendación: nada de ajo, mucha agua, menos alcohol y quizá sería bueno cerrar la boca de vez en cuando porque allí no entran moscas. Y desde luego nada de Feminazi.




Sandalias Franciscanas



Algún cable se cruzó en las mentes creativas de Hush Puppies y otras marcas similares cuando decidieron recrear ese horrible calzado de cuero montado en una base de corcho o goma y que los curas franciscanos visten junto al trajecito café, el más barato de la tienda de disfraces en la víspera de Halloween. Entonces resulta que llega el verano, el señor quiere evitar la proliferación de hongos (que ya hace su tarea engrosando la textura de la uña del dedo gordo del pie, puaj) y piensa que ese es el zapato ideal, sí, el Jimmy Choo masculino, solo que un 99% más barato y un 1999% menos atractivo. De vez en cuando los dedos tienen pelos, entonces, qué mejor que “rebajar” el efecto de eso y de las durezas y las plantas amarillentas usando el combo sandalias franciscanas + calcetines blancos… ¡Hasta la rodilla! Nunca he logrado entender porqué hay hombres que piensan que eso luce y hace destacar, existiendo talco en spray y zapatillas con ventilación tipo Onitsuka modelo México 66. Ninguna mujer que yo conozco consideraría entablar una divertida conversación sobre Cambio Climático o poesía, ni mucho menos fantasear con el dormitorio, teniendo a un “galán” usando los dichosos zapatos de la mata pasión. Hermanos: si tienen una de esas, por favor arrójenlas a la basura o al cantón de punto de reciclaje más cercano. ¡Son peores que los Crocs! OK, si el calor es mucho, unas Birkenstocks donde muestren dedos LIMPIOS, si no, también las hay cerradas. Piedad. Porque ellas lo valen.


Fragancias espantapájaros


En otro post expliqué la fórmula para comprar perfumes. ¿Por qué? Primero porque a todas y todos nos gustan los buenos olores, y segundo porque la concentración de aromas equivocados es tan alta que me urgía redactar un par de líneas al respecto. Cuando hablamos de fragancias hay dos errores fundamentales: 1) Regalar una sin conocer el gusto personalísimo del “festejado” (típico para un cumpleaños o navidades) y 2) Comprar guiados por el conocimiento del “experto” que rocía la sección perfumería de la tienda por departamentos hasta hacernos sentir nauseas. Porque hay aromas objetivamente malos y cuando una mujer –y un hombre– debe soportar el Drakkar Noir o el 1 Million de Paco Rabanne con el ajetreo del día, el cigarrillo, el champú 2 en 1 y el sudor acumulado y secado en la ropa, se merece el Nobel de la Paz. ¿Consejo? Vaya a la perfumería, ponga un poco de loción en el antebrazo y jamás de los jamases se deje guiar por las primeras notas que son el “gancho comercial”: dé un par de vueltas por el Shopping durante unos 15-20 minutos, vuelva a sentir el olor en la piel y descubrirá el verdadero efecto de la fragancia, liberada a partir del contacto de las segundas notas y el PH. No puedo dejar de recomendar Portofino de Tom Ford, Happy de Clinique, Allure de Chanel y cualquier fragancia de Comme des Garçons. Fuera de la lista queda cualquier versión de Davidoff, Paco Rabanne, y el muy cliché One de Calvin Klein (los 90 fueron hace rato). Antonio Banderas y Pino Silvestre no ofrecen ninguna contribución por encima del 1 negativo. ¿Y desodorantes? Porque también los hay quienes se echan el Brut (el horror) no solo en las axilas: ¡en el pecho! Un gran NO. Ojalá un desodorante neutro sin olor y en su versión crema y que no manche la ropa. Ellas lo agradecerán. También la opinión pública.


Not even...

Ropa de talla equivocada


En cuestión de gustos no hay nada escrito y por lo mismo, al menos desde la filosofía, poca tinta se ha destinado para redactar mamotretos que se refieran al “buen gusto” en el sentido frívolo del término –si es que tiene otro, en todo caso. Ir bien o mal vestidos por la vida es una cuestión de actitud y normalmente asunto antropológico situado en un tiempo y espacio determinados y muy reflejado en el estado actual del ambiente político y cultural, es decir, capitalista. ¿Cuál sería el otro? De ahí las dichosas tendencias, que no a todo el mundo le quedan bien. Pero habiendo viajado por “literalmente” los cinco continentes, con varias idas y venidas a semanas de la moda y experiencia escribiendo en revistas vinculadas al tema “Moda”, existe un desdén femenino universal hacia los hombres que visten ropa de la talla que no les corresponde de acuerdo a su anatomía. Y encima de colores hirientes, que dañan a la vista. Ahí está por un lado el “galán” de 1.70, 80 kilos y que todavía se empecina en usar camisetas Ralph Lauren talla S y por el otro, el “galán” de 1.70, 50 kilos y camisetas Ralph Lauren… talla L. ¿Cuál es la idea? Comodidad no puede ser ni mucho menos despreocupación, toda vez que en el Bistró, Cafés, Restaurantes y Discotecas he oído a tipos así de mal vestidos (y peor, con todos los puntos enumerados anteriormente) en marcas como Diesel, Hugo Boss y Armani, hablando con un desparpajo increíble sobre cuántas “minas” tienen a su haber, y qué ricura la que va pasando ahí, a ver campeón, atrévete con un shot de Vodka que te debes tomar al tiempo que levantas el dedo meñique (holy cow) y a la cacería, después de todo, las mujeres no pueden ni deben decir No. Nunca. Jamás de los Jamases. Ave María Purísima. Esto lo he visto en Santiago de Chile, Madrid, Delhi y Nueva York. ¿Se creen los muy palurdos que alguien se sentirá atraído por un galán y su camisa híper ajustada que lo hace lucir como un jamón de pavo? Las mujeres sonríen con desdén y dan la media vuelta, desde cuándo se ha vuelto normal que perdedores de talla mayor tengan el descaro de querer entablar diálogo con ellas, dónde se ha visto, cómo si ellas sólo operaran a partir de experiencias de cosificación. Por lo menos cojan una huincha de costura y mídanse el torso, la cintura, el ancho de los hombros y usen algo que no los haga destacar… negativamente. Huelga decir que este subtipo de macho, si es exitoso, invita a lugares baratos donde la cuenta nunca sobrepasa el presupuesto para seguir invirtiendo en ropa fea. Tomen nota. Y, sobre todo, las medidas correctas.


Caspa y olores sospechosos


La publicidad de Pantene muestra la brillante melena de Evgenia Medvedeva al tiempo que recomienda, con doblaje, el uso del shampoo y el acondicionador de forma intercambiable o al mismo tiempo o uno primero y el otro después. En realidad, son pocas las veces que nos topamos con mujeres de cabeza hedionda… y muchas las oportunidades en que hombres, de pelo corto, cortísimo, no solo huelen a grasa capilar, sino que exhiben caspa hasta en las mismísimas pestañas. Junto al mal aliento ¿Habrá algo más asqueroso que el pelo sucio y lleno de grasa en la forma de caspa? Lo dudo, pero sé que las mujeres la detestan. Y los hombres también. Por muy galán feminista que sea el héroe de la historia, la caspa es un “major turn off” cuando se trata de atraer o gustarle a una mujer. Caspa y sensualidad son enemigos naturales. Allí donde se encuentren. Enemigos. Pero resulta que el superstar apenas sí sudó en el partido de fútbol después de la oficina, ¿Para qué lavarse? Entonces junto al pelo sucio van los calzoncillos sucios acompañados de la anatomía correspondiente en igualdad de condiciones. ¿Cuánta ropa interior y calcetines inmundos lavó la madre sin chistar durante la tierna niñez, donde él fue el centro del universo? Así obtuvo el doctorado en raspar caca de los ENCIMA blancos bóxer del querubín, que ahora tiene el empacho de seleccionar a voz en cuello con quién se irá a dormir y otros menesteres.


La mujer, limpia y perfumada, está tratando de resolver una compleja operación de línea de suministros y debe soportar que el colega, el de la cabeza sucia, vuelva a explicar, palabra por palabra y con más material inservible y de su propia cosecha, lo que la otra ya dijo. Todos los aplausos para el Einstein cuya superdotación intelectual le impiden lavarse el pelo todos los días o al menos dos veces a la semana. A no ser que se padezca de una condición cutánea específica (y en cualquier caso, fácil de descubrir en ausencia del mal olor que suele acompañar a doña Caspa), el pelo sucio y los interiores sucios no ayudarán a atraer la atención de ninguna mujer que se estime a sí misma en el grado mínimo. ¿Consejo? El shampoo también es invasivo: usarlo una vez a la semana, sí, y el resto de los días lavar el pelo únicamente con acondicionador. Si se tiene pavor a la hiper sensibilidad y la reacción alérgica, los mejores son los de Lush porque tienen menos ingredientes activos de artificio. Siempre puede apelar a la industria cosmética infantil pensada para cabezas en estado de formación. Ahí está la clave: formación, no putrefacción.



Desafortunadamente, continuará…

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