• Anibal Venegas

La Guía del Facho

Fachos abundan y los hay en todos lados. Estrictamente hablando, el adjetivo se atribuye a los adherentes del Partido Fascista Republicano del cual Benito Mussolini era il Duce. Eso me alegaba una amiga francesa y su severidad académica. Sin embargo, consagrado por el mero uso y la experiencia, llamamos “facho” a todo simpatizante de ideas totalitarias, en sentido terrenal e incluso teleológico. Típicamente ligado a políticas de corte conservador, la estructura básica del facho criollo es un mélange entre la creencia ciega en la tradición y la autoridad, y una directa o licuada simpatía hacia las dictaduras latinoamericanas –incluso europeas– que de vez en cuando le golpean el pecho como un touchstone para saber si algo está bien o está mal. Lo facho siempre es lo correcto y da igual lo que diga la biblia: muy hermanos seremos todos, muy miembros de la misma iglesia, pero los haitianos, por ejemplo, son claramente inferiores. Además, Chile es el país más bonito con la bandera más bonita y las montañas más bonitas de todos los continentes del surtido de continentes. El facho dirá: hubo un concurso para declarar cuál era el himno más trascendental y ganó el chileno. Sobrepasó incluso a los de países como Inglaterra y Estados Unidos, naciones de estructura “superior” que el facho promedio tiene en su cabecita cuando “piensa” en el futuro de su propio país por el que estaría dispuesto a dar la vida. Por eso hay tantos metidos en las Fuerzas de Orden.


¿Cuántos tipos de facho hay? ¿Quiénes son? ¿Cómo se agrupan? Antaño era fácil distinguirlos: se abanicaban con su plata latifundista y no tenían empacho en negarle derechos civiles y políticos a sus inquilinos, sirvientes, empleadas domésticas y operarios. Ahora los tiempos han cambiado y, por ejemplo, no todos los cuicos son fachos ni todos los fachos son cuicos. Facho es una actitud frente a la vida que puede o no reflejarse en las cifras en la cuenta, que puede ser corriente o RUT, dependiendo del tipo de facho. Por eso en las familias ricachonas de antes se expulsaba a la prima, el sobrino y al tío deschavetado al convento o a Francia, porque desentonaban con el gris de la estética católica nuclear regentada por una matriarca ignorante y gorreada hasta el paroxismo. El viejo cochino dueño de los hilos financieros se encatraba con cuanta “china” se le cruzara por delante, total, el sacerdote –otro facho– limpiaba los pecados en la próxima misa. En el siglo XXI en cambio los fachos pueden ser incluso pentecostales, algo impensable en el Chile republicano con el que muchos deliran. Asimismo, puede ser médico en jefe, gerente, seguidor de José Antonio Kast o chofer de Uber (el facho taxista es histórico y obedece a alguna pertenencia a Carabineros, sujeto en evidente peligro de extinción). Comencemos por el principio.


El Facho Total

El medley entre poder económico, religiosidad –católica– delirante, egoísmo, homofobia, misoginia, bajos estándares éticos y una muy mala educación conseguida, paradójicamente, en los mejores colegios de Chile. Son capaces de tirar computadores con información en las profundidades del río, confabularse a través de mensajería escrita en servilletas de papel, pagar coimas miserables e invocar a las Fuerzas Armadas toda vez que a “los rotos” se les ocurra salir a exigir cosas tan raras como justicia y equidad. El Facho Total es insoportable. Mientras que la ex Concertación está llena de Fachos Nanai, en la Derecha dura hay una presencia abrumadora de Fachos Totales, aunque a veces le abran la puerta a uno que otro “roto de población” y lo transformen en ministro o diputado.

La valórica esencial de este grupo está fundada en el legado del general Augusto Pinochet. Siempre dirán que salvó al país de la desgracia comunista y la cortina de hierro y muertos hubo, sí, a lo mejor, pero es el precio que se debía pagar para transformar a Chile en la Suiza que ahora es, el único país desarrollado de América Latina. Resulta que el proyecto país ideado en las salas de la Universidad Católica falló rotundamente y de ese modo Chile pasó a formar parte del selecto grupo de países más desiguales del mundo. Todo eso es demasiado complicado de ver para alguien que ha firmado con una Mont Blanc (heredada) toda su vida. Todo eso es demasiado complicado de entender para alguien que ha tenido los límites del jardín establecido y una que otra agrupación de viejas expertas en manualidades en frente, toda su vida. Dependiendo del grado de adherencia católica, se amontonan o en la UDI o en RN o bien son parias de Evópoli porque no comulgan con la ligereza valórica del lado “nanai” del facherío.

Si nos centramos en la vida personal, veremos que este rubio grupo tiende a distinguirse por oposición a lo que los “patipelados”, “rotos” o “gente rara” creen que es distinguido y fino, por lo que el chascarrillo más jocoso de describir en las “comidas” de esta cohorte es la aspiración irracional de los nuevos ricos de apuntarse nada menos que al Club de Golf Los Leones, a los Legionarios o –mirada hacia el altísimo– al Opus Dei. ¿Cómo se atreven? De partida hacen todo mal, es decir, hacen cosas muy raras como: hablar del “hijo” y del “nieto”, manejar un Audi, contratar a un decorador de interiores en lugar de “arreglar” ellos mismos la casa con sillas Valdés y cuadros de la Carmen Aldunate, vivir en Chicureo y ser morenos inferiores al metro setenta. El Facho Total vive en Vitacura, en Santa María de Manquehue (que parece hacerle el quite a las aspiraciones dehesianas de Enaco), en Las Condes, en los fundos y si quiere "chanear" un ratito, en Providencia, porque igual es bueno “bajar” al “centro” de vez en cuando.


¿Ejemplos de Fachos Totales? Toda la derecha chilena porque, de uno u otro modo, le rinden pleitesía a Pinochet. Si la gente no entiende por las buenas no queda otro remedio que por las malas. Son los primeros en llamar a la Paz a través de las Fuerzas de Orden, ojalá armadas hasta los dientes. Históricamente le han puesto arena al motor del país desde 1810 y durante toda su vida porque la idea es que nada cambie, entonces regentan planes gubernamentales donde parece que quieren que las cosas cambien, pero desde luego no cambiarán. Todo muy lacaniano. En la filosofía platónica elemental el peor gobernante es el Tirano, seguido del Dictador y finalmente el Demócrata sofista. En el facherío puro y duro, bienvenidos. Son incapaces de entender al país porque viven en una pradera lisa y sin límites, con un horizonte recortado por palmeras, mansardas y las montañas donde van a poner su poto cuando cae nieve y entonces ellos “suben” …


El Facho Pobre

Profundamente misógino, homofóbico, xenofóbico y racista, este es un sujeto que Marx describió elegantemente como Pequeña Burguesía y que el criollismo ha nombrado de diversas formas y siempre, claro, con la oscura intención del ninguneo. Se pasaron toda la primera y gran parte de la segunda mitad del siglo XX llamándolos “siúticos” pero ningún insulto hizo mella en su actitud interna que por todas las fuerzas anhelaba (anhela) escalar por proyección hacia las altas cumbres del poder social y económico, desde luego, sin obtener nada, ni siquiera migajas.


Los Fachos Pobres cacarean sobre supuestos fundos usurpados a la familia durante la UP a fin de justificar su inclinación política de derecha pinochetista en directa oposición a la cuenta bancaria, típicamente RUT. Constituyen la síntesis de la contradicción: no tienen nada, pero defienden con uñas y dientes al culpable de que tengan los bolsillos vacíos porque eso les daría charme. O a veces tienen la guata llena en el caso de vivir en una casa de dos pisos en “villas” con nombres y pasajes que evoquen alturas y fundos, cuyo primer piso alberga almacén con panadería, ferretería o vulcanización. En el segundo se instala el núcleo familiar a ver la tele o junto al atalaya del único ventanal termopanel (del que toda la parentela ha oído el cuánto, dónde y por qué) a contemplar su reino, es decir, un jardincito repleto de matas de cardenal, rudas espanta brujos, un par de rosas y la camioneta 4x2 idéntica a la 4x4. No es necesario decir por quién votaron en las últimas elecciones presidenciales ni explicar a grosso modo su opinión sobre las manifestaciones ciudadanas. La máxima aspiración de un Facho Pobre es pasar de Maipú a la Dehesa, véase Lorence, perdón, Laurence Golborne.


Durante algún tiempo creí que era clasista llamar “Facho Pobre” a este sujeto, porque me parecía injusto endilgarle epítetos de clase a alguien basado únicamente en su estrato social. Como si los pobres tuvieran que ser de izquierda por naturaleza. Sin embargo, dado a que su voto tiene el poder de influir de forma directa y negativa en la vida de quienes buscan mejores condiciones de vida, creo que es justo clasificarlos con un cierto desprecio. Y en general casi nunca son realmente pobres en el sentido Techo del término: lo de “Facho Pobre” es una suerte de hipérbole para describir a una casta desclasada y traicionera que, en lugar de promover la social democracia, se opone a ella. ¿Por qué? Porque como a los Fachos Pobres ya les tocó la “suerte” no quieren arrimados. Los pobres de verdad se lo tienen todo muy merecido, no se esfuerzan lo suficiente, y qué decir de los Mapuches, una horda de indios resentidos que envidian al “de buena situación” en vez de trabajar. Casi nunca logran tocar las cúspides del poder al que le prenden velitas a no ser, claro, que a los Fachos Totales se les ocurra mendigarles algún puestecito para simpatizar con ellos. Tal es el caso del Ministro Isamit, Facho Pobre de libro, o la diputada Erika Olivera y su Chilezuela y prole Yunaira, Ethan, Yoslaine, Daria y Eryka.


¿Religión? Si lograron el combo casita con terreno+emprendimiento, son típicamente católicos. Pero de gruta, capilla, peregrinación lo Vásquez, Schoenstatt de la Florida. Protestantes hay, sí, pero jamás luteranos, casi siempre pentecostales. Y no cualquiera, debe ser la Pentecostal Metodista que es más elegante que esas casuchas feas de poblaciones horribles, con el letrerito de “personalidad jurídica” colgando del portón de zinc. Cuando no están enchufados en el Mall están comiendo chunchules a la parrilla con aderezos y bebidas repletas de etiquetas negras porque el peso aquí no cuenta.


Un buen Facho Pobre debe tener: tele y refrigerador en el living, piso de cerámicas (el orgullo del patriarca), jacuzzi o soñar con él, rumas de productos Oriflame o Herba Life, una orla de souvenirs de viajes colgando de las paredes de ladrillo de princesa pintadas de blanco-crema, elefantitos y zapatitos de porcelana, sillones de pleather y una larga manquera para lavar la camioneta, por arriba y por debajo. ¿Libros? A veces Harry Potter. Creen que si los ricos son más ricos el país funciona bien y son fanáticos de la Doctora Cordero y Patricia Maldonado porque “dicen lo que piensan”. En la era Estallido Social puede ser el caso que esta población haya mermado, pero ojo, fueron los primeros post-toque-de-queda en salir corriendo al Parque Arauco, perdón, Arauco Maipú para “sacar” en cuotas los regalos navideños. Desde luego que a su entender agudo y crítico los manifestantes son pagados con el oro de Venezuela y Cuba, aunque “el hijo” mayor recientemente “licenciado” esté manejando Uber. Dicen que O’Higgins fue el primer Facho Pobre: indignado ante la negativa europea de reconocer sus derechos de apellido fino, una vez en Chile, abolió todos los títulos nobiliarios…

El facho Nanai

Estos fachos se amontonan en Evópoli, la Democracia Cristiana (DC) y en otros sectores de la ex Nueva Mayoría. Pero se dan con mayor fuerza en Evópoli. El Facho Nanai pasa piola porque en general es más simpático y ha tenido acceso al mundo, de ahí que apoye el matrimonio igualitario, el aborto y la Ley de Identidad de Género. ¿Qué lo hace facho entonces? Es decir, es cuico, sí, pero eso no es suficiente. Grandes intelectuales y personalidades de la disidencia artística y política vienen de la clase alta, hasta me los he topado en Cabildos y marchas, en India y Bangladesh, esto no se trata de tener o no tener lukas: como dije antes, es un tema de actitud. Y ahí está la DC cambiándose la camisa de acuerdo a la conveniencia personal y Evópoli firme junto a al “presidente de la república” porque forman parte de Chile Vamos. Conozco harto Evópoli en contra de la Dictadura, pero si están ahí es por algo y claro, en el medio del estallido social hablan de Nueva Constitución, ok, pero en el marco de “la paz” y gritan a la ciudadanía: abracemos un Carabinero. Really?


El Facho Nanai, supuestamente progresista, no es tan “rojo” como para cruzar a la vereda Revolución Democrática, pero tiene un background similar. Estuvo en un colegio de los que se puede hablar durante horas cuando alguien pregunta, conoció a pobladoras durante su liderazgo social en misiones o peor, en el Techo, dice “en verdá” y “como que en verdá” a cada rato y puede que hasta sea vegano o del mundo LGBT (el Q2+ es “demasiado” para este facho). Pero algo en el tronco cerebral le susurró al oído: Evópoli. Entonces, cómo no, le carga Pinochet y lo resentida que está la desigual población chilena, así que va y se mete en un conglomerado político fundado en las bases del acto “liberador” del 11 de septiembre. Y cómo les encanta el mercado. El Facho Nanai tiene amigos de todo tipo, incluso anarquistas, y sufre cuando su pensamiento es cuestionado una y otra vez con argumentos sólidos. De ahí que prefiera vincularse más afectivamente con gente idéntica a sí mismo y termine perpetuando la endogamia criolla. Si tenemos a dos críos de fachos en frente, pero uno se llama Henry Acevedo y el otro Paillalef Errázuriz, ya sabemos de dónde vienen.


Detengámonos en los gustos personales por favor. Una vez más los Fachos Nanai pasan piolita. Son “en verdá” “demasiado” tiernos. Harta vieja facha quería abrazar a Blumel cuando fue ungido como ministro: querían acunarlo en su seno, pobrecito, parece víctima del empacho, hay que sobarle las canillas con mentalol. Y claro, Blumel es al Facho Nanai lo que Isamit es a los chanchos. Contrario al Facho Total y al Facho Pobre que le copia –erróneamente– todo al primero, en el Edén del Nanai hay de todas las profesiones: filósofos, psicólogos, médicos, artistas, politólogos, ingenieros comerciales, MUCHOS ingenieros comerciales. Comen en el Liguria, Le Bistrot Viet, el Tanta y uno que otro sucucho terminado en “ría” (burguesería, filetería, alfajorería, etc.) y usan marcas como Patagonia, Canada Goose y zapatos Bestias, made in Chile not in China. Viven en Providencia o frente al Parque Bicentenario (son “centreros”) y veranean en Antigua, Sudáfrica, Rusia e India y desde luego se sacaron el “Padi” que usan para descender en Pichidangui. Pero son fachos al fin y al cabo. ¿Qué quiere decir eso? Que por muy progresistas que se vean por fuera, por dentro creen que las cosas no deben cambiar, que la gente debiera respetar el orden, las tradiciones, las buenas lecturas, los viajes familiares a Croacia y todas las leseras que escupa el presidente. ¿Al menos son no-tan-insoportables? Entre un Evópoli y un DC no existen muchas diferencias salvo que en el segundo hay casi puros viejos rancios. Los primeros aún se mantienen fresquitos como el Ghee.



El Facho Que Llevamos Dentro

Para quienes se mantienen firmes en la vereda de los Derechos Humanos, la justicia, la equidad y la rotura de esquemas, es un auténtico martirio la existencia de este demonio interno, tratable sólo con psicoanálisis. Y es que por mucho Marx, Escuela Crítica y viajes culturales, golpea las sienes cuando uno menos lo espera. Paradójicamente vinculado a altos estándares éticos e intelectuales (y tal vez un grado de pertenencia a la burguesía), sale disparado en ese preciso instante en que uno ve a plena luz del día cómo la gente desquita su ira contra objetos inertes en una manifestación. Objetos que le sirven tanto al que está destruyendo como al que no está ahí mismo. Recórcholis. Quien escribe se indignó tanto por el incendio de la Iglesia de la Veracruz en calle Lastarria, que llegó a pensar que deberían “haber mandado a todos esos cabros presos”. 5 minutos de agonía. O la destrucción del Parque Forestal ¿Qué culpa tienen las flores y las palmeras, las bancas, los faroles afrancesados y los bolardos?

Afortunadamente está la cruda realidad y el Facho Total se hace presente en la forma de bombas lacrimógenas: salta a la vista el lugar hacia donde uno debiera orientar sus simpatías y lealtades. La belleza y el orden significan algo mejor cuando el contexto en el que se instalan no es la más evidente de las podredumbres ¿Qué encoleriza más? ¿Un farol roto o la vida rota de mujeres condenadas a la miseria? ¿Pueblos Originarios despojados de toda dignidad? ¿Estudiantes que salen de una universidad penca con un título inútil y una deuda millonaria sin posibilidades de pagarla? ¿Trabajar para mantenerse en la pobreza versus una mata de coirones? Vamos a ver: los actos barbáricos de los últimos tiempos son condenables, pero no hay que permitir que el Facho Que Llevamos Dentro haga de las suyas: el “jefe”, el Facho Total, quiere que nos desprendamos del análisis y la crítica y salgamos gritando a medianoche, con la enagua puesta, palmatoria y bacinica en mano: “más carabineros por favooooor”.

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