• Anibal Venegas

Los amigos de verde

Nuestros queridos amigos de verde. ¿Qué podemos decir de ellos? O mejor dicho: qué puedo escribir de ellos. Nada menos que mi opinión. Aníbal, vamos ¡Opina!


Nunca me han caído bien los Carabineros y nunca lo harán. Porque sencillamente son inútiles. No sirven. “Ay, no generalices” escupirá con vehemencia algún pariente de carabinero que lea esto, pero la verdad sea dicha, los ejemplos, por desgracia, sobran. Hace cinco años asaltaron a mi madre a las afueras de su casa en una urbanización “segura” ubicada en cierta comuna: luego de hora y media llegan dos sendos carabineros, explicando que mi mamá “debería agradecer que no se la pitiaron”. El año pasado un ciclista me tiró al suelo en plena vereda peatonal (fuera de la Embajada de Estados Unidos) ¿Qué dijo la Carabinera y su rímel? “Ponga más cuidado, por ser”. Ni siquiera conocía la legislación en la materia. Octubre de 2019: carabineros tirando bombas lacrimógenas a diestra y siniestra en la calle donde se emplaza mi antiguo edificio y donde no había un solo manifestante. Julio de 2020: caminaba hacia el supermercado cuando los de la patrulla de turno, a voz en cuello, me exigieron el permiso temporal y que si acaso me estaba demorando más de la cuenta porque en realidad “este cabro no tiene ningún permiso, mira, lo está sacando ahora jajaja” gritaba el Carabinero mientras se frotaba la mano en la guata cervecera. El día del plebiscito, sector el Aguilucho: Señor carabinero ¿Hacia qué lado está Avenida Providencia? Estoy un poco perdido. “Para allá, joven”. Terminé en Ñuñoa.


Ya ven, no sirven.


Pero por mucho que uno trate de hacerles el quite, siempre están ahí, omnipresentes, lo que resulta extravagante porque de todas formas el bandidaje se rebela contra la norma y realiza todo tipo de delitos y fechorías en frente de sus empolvadas narices.

Durante la segunda década del siglo XXI a algún creativo del departamento de Relaciones Públicas o Recursos Humanos se le ocurrió que a fin de atraer más gente a la desprestigiada institución había que dotar las huestes carabinerísticas con múltiples vehículos del futuro donde el choro –público objetivo, tanto el Cazador como el cazado– pueda sentirse a sus anchas, hallar plenitud. Donde se pueda encontrar a sí mismo en la forma de alzavidrios eléctricos o un carburador y donde además pueda hacer todos sus sueños y guarrerías realidad. Entonces aparece el paco de la Dodge y el paco veraniego en Hoverboard, que en cualquier caso entran en la categoría Paco Motorizado.


¿Qué tipos de Carabineros hay? ¿Es posible clasificarlos? He aquí una lista no exhaustiva basada en pura experiencia sensible. Todos los Carabineros conforman eso que llaman “la Yuta”. Según consigna la cultura del grafiti inmortalizada en vivos colores sobre las mohosas tapias urbanas post 18 de Octubre, los Carabineros son en realidad “hijos de la bastarda”, y para que no queden dudas, se amplía el mensaje con el acrónimo yankee ACAB, all cops are bastards. There you go.


El paco típico

El carabinero típico, también conocido como el paco gordo, podría eventualmente transformarse en un misterio tan grande como el profesor de educación física gordo. Sin embargo, algo redime al profesor: todavía puede dar instrucciones sobre cómo ejecutar un buen test Navette o entrenar campeones olímpicos. Porque para una Yana Kudryavtseva hay una robusta Elena Karpushenko y para un Maxim Trankov una Nina Mozer: el quid del asunto es mandar, diseñar y ejecutar y al fin y al cabo el que importa es el atleta. El profesor no debe velar por el sueño de la niña inocente –de Las Condes, Vitacura, Lo Curro, La Dehesa, La Reina y algunos pedazos de Colina, Providencia y Ñuñoa– que necesariamente implica correr detrás de un bandido más rápido que Usain Bolt. O capaz que ni tanto. El tema es: hay tanto paco con sobrepeso que uno se pregunta si no existe algún tipo de convenio entre cadenas de comida rápida y la Institución que se llama a sí misma “profesional, motivada, efectiva, con las más modernas tecnologías y equipamientos”.

La base de la dieta

A modo de ejemplo detengámonos en el uniforme. La verdad es que da pena: las costuras de los pantalones deben estar más que cosidas y remachadas con clavos para aguantar el alud de piel blanda que amenaza con ceder a la fuerza de gravedad precisamente cuando al Cabo Primero se le ocurre anudar los planos cordones de sus bototos recamados en fierro con los que goza lanzando puntapiés. Ahí aparece la figura del paco potón, porque siempre tienen el mofletudo traste bien acomodado en la estructura de lanilla y acrílico verdoso del uniforme que de vez en cuando bañan con Drakkar Noir, Millionaire de Mennen o Pino Silvestre, en la forma de tester o bien obtenidos de forma gratuita en alguna rifa ¿o redada? La única venganza del trabajador sensato en un día de verano es ver cómo, mientras le extiende un parte probablemente plagado de faltas de ortografía, el paco suda como cochinillo al tiempo que detiene la mitad de la avenida para ejercer autoridad. Las máquinas trotadoras brillan por su ausencia en los andurriales del paco promedio.


El paco que todos quieren

Este es el que se entrenó en técnicas de disuasión efectivas, a saber, espantar manifestantes con los viejos y conocidos métodos heredados de la Dictadura: bombas lacrimógenas, balines, mordiscos, lumazos a diestra y especialmente a siniestra, agua con sustancias diluidas de sospechoso origen y varias, múltiples y contundentes palizas. Aquí brillaron los pacos que dejaron ciego a Gustavo Gatica y tuertos a otros tantos, así como también el que empujó al manifestante desde las alturas del puente Pío Nono para que fuera a dar de bruces no al suelo, sino a las sucias, oscuras y repugnantes aguas del Mapocho. Por qué les gusta violentar sin distinguir el género (pero sí la procedencia) obedece a la estructura ética básica de un Gobierno penca que halla en Carabineros de Chile el cortafuegos más barato.


No entienden gran cosa, salvo, por supuesto, que la instrucción tenga que ver con ejercer grandes cantidades violencia física porque total a ellos también les aforraron bien duro cuando niños, ojo por ojo y diente por diente, no se van a escaquear ellos precisamente ahora con el mandado de los jefes del Interior si precisamente ahora hace eco en sus resentidas y adoloridas cabezas. De inocentes criaturitas que azotaban perritos contra las pilastras de algún puente y que además halaban la exigua cabellera de un recién nacido cuando los papis no estaban viendo, pasan a grandes hombres que regalan palizas de las que hacer alarde durante horas y horas y horas de ebria celebración. A no ser que juegue la selección de fútbol, en cuyo caso se embriagan de cara a la tele. La mujer se entrega con energía salvaje al lavado, al fregado y al planchado, da igual si paca o mujer de paco. Sobre ellas más tarde.

Sin duda nuestros mejores amigos

¿Edad y cuna? Jóvenes de procedencia humilde. Recogidos directamente del estercolero que es la educación pública, es imposible que puedan actuar con empatía, o sea, ellos no se van a poner en el lugar del otro a quien hacen papilla bajo el peso de sus extraordinarias armas. Y además está la cuestión del anonimato: tantos encapuchados hay, tantos miembros cubiertos hasta los dientes con esa improvisada burqa que los transforma en una mutación de las Tortugas Ninja llevada a cabo en laboratorios de dudosa ética. Quid pro quo. Pero al cubo, es decir: les tiran una piedra, ellos van con diez, doce, quince lacrimógenas lanzadas al aire con la esperanza que vayan a dar a la cabeza de algún ser viviente. Aunque sea por un ratito. Después no se perderá el precioso tiempo para la paliza, ya, apresúrense, ¡vayan pasando! uno por uno sintiendo el dolor físico infringido por las armas y ojalá también el de los carros lanza-agua que bien podrían atropellar gente, lástima que en verdad exista eso de los Derechos Humanos. Los pacos ACAB son los que dan más susto. Y quienes generan más odio. Cabezas de chorlito.


El paco que habla raro

“Estamos en un procedimiento en el cual la víctima de los hechos explicó haberse sentido afectada por el imputado, el cual a continuación fue reducido en tanto que fue sorprendido in fraganti, sin perjuicio de que el sujeto de sexo masculino, es decir, el sujeto es un hombre, también haya estado golpeando a la víctima desde antes, toda vez que al tiempo presente le anteceden horas y horas y le suceden horas y horas y quizá muchos años al infinito y más allá. La víctima, una individua de características femeninas lo cual permite deducir y determinar que es de sexo femenino, es decir, se trataría para efectos de una mujer, no cierto, la cual describió los hechos que acontecieron durante la jornada de hoy alrededor de las tres de la tarde”


“Resulta que de acuerdo a los antecedentes recabados toda vez que personal, no cierto, de Carabineros se hizo presente en el lugar, dichos antecedentes los cuales permiten asegurar que la individua de sexo femenino habría, no cierto, provocado que le pegaran toda vez que su cónyuge, sujeto de sexo masculino, atravesó el living y fue mordido por un can, no cierto, de sexo masculino. Entonces el imputado llega a la cocina, así, según consigan vecinas de la supuesta víctima de sexo femenino, y el individuo, así, se sorprende al comprobar falocéntricamente que la mujer de sexo femenino que para efectos, no cierto, de esta declaración sería la víctima, le puso sal a la cazuela toda vez que el imputado de sexo masculino es hipertenso, lo cual él aduce fue el gatillante de su comportación y por lo tanto redujo a la mujer de sexo femenino”

“Primero le tiró la sopa caliente en las piernas y le grito “maraca desgraciá” a lo que la supuesta víctima replicó “desgraciado” lo cual el imputado tomó un palo y le habría propinado cuatro golpes en la zona de la pelvis justo cuando personal de carabineros, alertados, no cierto, por vecinas, así, de la víctima las cuales habían escuchado los gritos desde las afueras de la morada donde sucedieron los acontecimientos narrados, sorprendieron in fraganti, no cierto, al sujeto de sexo masculino, ahora imputado por el delito de cuasi delito de homicidio. Los demás antecedentes y resultados de las pericias las cuales, no cierto, serán entregadas a la Fiscalía, la cual se querellará, sin perjuicio, no cierto, de que la supuesta víctima de sexo femenino haga, no cierto, lo mismo por su propio lado, no cierto, en cuyo caso tendrá que verse asistida a fin de ya han sido recabados todos los antecedentes del caso. Carabineros se retira del lugar de los acontecimientos, buenas tardes”


La Paca

Uyuyuy. Temida especialmente por los automovilistas frente a los que ella se para en seco y sin miramientos a fin de cursar una deliciosa y contundente infracción, ojalá a alguien de la clase media con quien se pueda desquitar un ratito. Sacar un parte a un taxista, a un Uber o a un repartidor de gas licuado compensa a la Paca de que en su casa de villa de Carabineros confeccionada a base de ladrillos de princesa muy barnizados haya una cuelga con su respectiva malamadre, bacinicas saltadas y una colección de botellas retornables. Escribir un parte con letra redonda con el punto de la letra “i” dibujado como un círculo, y si los ánimos están buenos, un corazón, ayudan a aliviar la pesada carga que significa haberse casado con otro miembro de Carabineros de Chile con quien únicamente se puede hablar de allanamientos, robos con o sin intimidación, la Coopercarab, los pérfidos mapuches y la suerte que tiene esa a quien instalaron a cuidar una Embajada.


Antes de querer engrosar las listas de Carabineros, la paca siempre soñó con puestos de poder: PDI, ejecutiva de cuentas o inspectora. Lástima que el sucio y pérfido destino le haya cerrado las puertas de una educación general en la cara y, en cambio, le haya propuesto como meta vestir el uniforme verde, que siempre debe ser un poco más apretado en las curvas femeninas, porque la Carabinera tiende a la cadera ancha. En la juventud no se comprometió profundamente con los productos cosméticos de modo que obedece ciegamente a lo que le dicen (ordenan) que debe usar en la Institución moderna de la última tecnología bla bla y entonces, obvio, nada más se levanta parte con la boca llena de resentimiento untada en rojo furioso, delineador negro, base, colorete y abundante laca en la chasquilla antecedida por un moño apretado, tan apretado que es casi dependiente del migratam. La disciplina debe notarse tanto por dentro como también por fuera, por eso la casa y los zapatos de la paca brillan como verdaderos ríos de oro.


Y por el mismo tema de la femineidad –que insiste en llamar feminismo– su casa es un festival de productos de limpieza donde se puede tomar agua directamente de la taza del baño. Así de limpia está. De ahí que en la comisaría los demás pacos “la cuidan”, porque su alma sufre con tanta maldad desatada en el mundo entero. Su escritorio es un encanto, se regocija uno sólo viéndolo por lo ordenado y oloroso a lustramuebles. Será lo único limpio, porque una vez que abre la boca (especialmente en los asados, de pacos) no es inusual oírla proferir insultos con palabras de grueso calibre aprendidas en la infeliz infancia donde el padre –también paco o bien gendarme– hablaba de la cintura para abajo mientras rompía el chanchito de greda de su mujer en el mismísimo suelo de la cocina ¿Y para qué? Correcto: para ir a comprar sus vinos.


A veces hay pacas en las Fuerzas especiales, pero son las menos. Normalmente las tienen en las oficinas imprimiendo certificados o contestando el teléfono. La parte más compleja de la pega es hallar el significado de esta o aquella palabra porque hace tanto tiempo que terminó el colegio, que resulta difícil desempolvar el significado de las palabras del atrofiado cerebro, especialmente si todo el día se repiten las mismas monsergas en conversaciones, declaraciones, redacción de partes y un largo e insoportable etcétera.


El paco rubio

No existe.


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