• Anibal Venegas

Los amigos Virtuales

La “gran” decisión que tomé durante el primer mes de confinamiento, honrando a la más llana y vulgar ignorancia, fue dejar de “seguir” sitios de noticias que machacaran con la cantaleta de la Pandemia. El día en que The Conversation publicó un artículo sugiriendo que virus y bacterias también podían “viajar” a través de las tuberías de agua y calefacción de edificios de departamentos como el mío dije: BASTA. La tranquilidad mental alcanzó a durar un par de días, porque lunes, martes, jueves, sábado y domingo y otra vez lunes, varios amigos y conocidos le daban nuevamente a la cochambre conspirativa del 5G, que el mal manejo de la pandemia es un castigo a la disidencia, que el pueblo es engañado, que los países del mundo se reunieron en oscuro y secreto concilio a fin de planificar la aniquilación de la especie homínida. Todos con título universitario de esos que ponen en la firma del correo electrónico, para que uno sepa distinguir bien al señor del doctorado. Y los canales son siempre los mismos: Twitter y Facebook.


Instagram es para publicar imágenes estilizadas con la ayuda de los múltiples filtros y la promesa de arianización, entonces aparece una delgadísima señorita encaramada en la “isla” de la cocina, rodeada de libros (Taschen), manzanas confitadas, un sweater viejo confeccionado con materiales caros y alguna frase inspiradora sacada de internet.


Siempre he encontrado ordinarias a las Redes Sociales. Es decir, no a las redes per se: citando a Karl Lagerfeld (de memoria), Facebook es un objeto de diseño casi perfecto, como un Brancusi. El problema radica en lo que ahí se vierte. Antes de (y durante) la Pandemia, la gente se dedicaba a repartir a los cuatro vientos lo mucho que solidarizan con el cáncer cervical, la bondad del ministro del Interior, las necesarias disquisiciones intelectuales sobre el transporte público, la presión arterial, el fútbol, el precio de la teja asfáltica, los nuevos termopaneles, la oposición férrea al aborto y al sucio matrimonio igualitario.


¿Los inevitables saludos de cumpleaños? Pasan. Pero… ¿Las condolencias por la muerte de un ser querido?


Antes se esperaba un tiempo prudente para llamar por teléfono o dejarse caer en la casa de los deudos y así dar el sentido pésame, o bien se escribía una pequeña nota en caso de haberse ausentado de velorios y funerales. No tengo cercanos con familia directa con muertos producto del Covid y supongo que a más de alguno le levantará el ánimo un par de frases sentidas a propósito de la irreparable pérdida, sin embargo ¿Para qué ponerlo ahí, a vista y paciencia de todos? “Amiga, tú sabes que cuentas conmigo para lo que sea, Q.E.P.D.”, “Primo, qué triste, ayudándote a sentir”, “Bendiciones al bello angelito”, “tu mami te está mirando desde el cielo”. Puaj. La opción de “inbox” está a dos centímetros del dichoso muro, pero no, la descerebrada cohorte de amistades feisbuqueanas debe sí o sí ventilar la tristeza con el secador de pelo turbo 2000 en la mano. No hay piedad.


Al margen de que detesto las cartas de Gastos Comunes o las del cobro del gas o internet, prefiero la comunicación vía misiva. Facebook y Twitter ofrecen la garantía de la higiene, punto para las Social Networks. Pero más allá de los Memes o una que otra cosa interesante posteada por algún amigo, la mayoría usa las redes como la cloaca donde depositar todas sus porquerías mentales que los afligen ¡ayayay! y que una voz interna ruega por todos los medios posibles sean expuestas a la opinión pública. O el debate a veces es divertido, traigan los prismáticos y una bolsa de cabritas, o casi siempre es una lata, por favor échenme ácido en los ojos. Entonces quienes llevamos meses encerrados sin más derecho que salir un par de veces a la semana para comprar alimentos, pagar cuentas o firmar contratos y que buscamos tranquilidad en las muy probablemente manipuladas cifras gubernamentales sobre contagios y muertos, tenemos que leer la basura de la disidencia “virtual”. Disidencia que ahora conforman un renovado comité de expertos en antropología médica, virología, inmunología, políticas públicas, análisis financiero y un eterno e insoportable etcétera. ¿Qué hacer? Son amigas y amigos. Si no fuera por las Redes Sociales, no tendríamos idea respecto a sus existencias. ¿Es necesario tener idea respecto a sus existencias?


¿Necesito saber qué están haciendo, pensando y diciendo Pedro, Juan y Diego mientras revisan el teléfono en el W.C.?


Eso me pregunté el otro día cuando, a las 3 de la madrugada y iPad en mano, decidí reducir mi número de amistades virtuales que en teoría son un eco de las de carne y hueso. Me centré principalmente en tres grupos. Conspirativos, Cuenta Todo y Anti Política Partidista. El resultado hasta el momento ha sido fenomenal: nada de fotografías estúpidas, nada de desafíos inútiles, nada de abordaje crítico de la salud pública por parte de un profesor de Literatura en lamentable cesantía. Una vez que descorran los cortinajes de la cuarentena y salga la bendita vacuna me tendré que enfrentar a ellos: habrá intercambio de miradas, un saludo distante y un silencio incómodo. Bah. De todos modos, borré a los insoportables, al resto, a quienes realmente quiero, simplemente me incliné por la opción “unfollow”. Si se quiere echar a andar este plan, es inevitable dividir nuestros amigos, distinguir la paja del trigo, el poliéster de la seda. Los perfiles de emprendimientos de tartaletas, churros rellenos y maestro multipropósito: intactos.

Post Conspirativo

“A mi no me engañan con lo del virus. Esta es una huevada que inventó el judío internacional, la masonería o Jeff Bezos para ponernos un trapo en la boca y así boicotear el plebiscito de Octubre #YoApruebo. En fin. El otro día no quise dar crédito a lo que estaba viendo, pero al parecer, es muy posible que el virus sea una maquinación de laboratorio para cagarnos a todos. Por lo mismo, no estoy NI AHÍ con usar mascarilla y si me meten preso, que lo hagan. Simplemente reclamo mi derecho a ser un ciudadano libre, porque las cifras de contagiados que publica constantemente el Gobierno son más falsas que la sonrisa de Judas. No les creemos, queremos desmantelar las AFP, fuera diputados, fuera Senadores”.

En lugar de mascarilla necesitan bozal...

¿Terminó haciendo alguna de las cosas prometidas en la soledad de su cocina-living-comedor? Respuesta: No. El quid del asunto es ir fomentando la idea de que todo, absolutamente todo es una manipulación externa a fin de no revisar más literatura que los subtítulos de videos de YouTube, porque tampoco entiende idiomas extranjeros. Este tipo de amistades no son necesariamente malas en la vida real, pero increíblemente perversas en la vida virtual. Tan simple como un “Remove” para olvidarnos de sus cuitas y elucubraciones esquizofrénicas y podremos dormir bien. Esto va para quienes tendemos al pesimismo y que muy dentro de nosotros dudamos y dudamos, luego existimos.

Post Cuenta Todo

Impresiona la cantidad de basura irrelevante que alguien está dispuesto a ventilar de sí mismo en las redes. Porque no es simplemente la oposición a las dictaduras militares latinoamericanas, Auschwitz o un musical espantoso de los años 80. Aquí se discute TODO: Desodorante íntimo, peaje, cupones de sorteo, eyaculación precoz, esmalte de uñas, cera líquida para pisos flotantes, frascos para la mermelada de ciruelas, citófonos, botines de chiporro, patinaje artístico sobre hielo. No hay misericordia. Y tampoco límites, porque en el caso improbable de que a uno le llame la atención alguna de las múltiples estupideces que redactaron en el “muro”, es una faena exhaustiva tratar de encontrar la publicación 30 minutos después, perdida entre el aluvión de datos y análisis repartidos de acuerdo a la orientación de una veleta. 1 amistad (menos) opinó:


“Me indigna y me rabia lo que me pasó esta mañana. Resulta que para variar no me depositaron la pensión alimenticia. Entonces claro, aprovechando el viaje al banco –porque el sitio web no funciona– quise ir al supermercado a comprar pan porque se me había acabado. Se acabó porque lo comimos todo. Normalmente, cuando se acaba el pan, es porque uno se lo ha comido. Así de bueno estaba. En fin, cuento corto, voy saliendo del supermercado así, muy oronda, cuando me enfrento a un paco, ¡Paco maldito! ¡Bastardo asesino! ¡Hijo de la bastarda! Pero claro, no le iba a gritar eso ahí, también me pesa venir del privilegio, Liceo 1 y Universidad de Chile, y ya, resulta que el paco me pidió el permiso y según él yo no podía entrar al supermercado con el permiso del Pago de Servicios Básicos, que es el que hay que sacar para ir al banco o a la notaría. Me sentí sumamente violentada como mujer y sobre todo como feminista, porque no solo soy maltratada por el macho que no me paga la pensión con la cual alimento al hijo, sino por el Estado a través de sus lacayos".


"Y precisamente ahora que estoy en un proceso de deconstrucción, o sea, renuncié al trabajo y mi única fuente de ingresos son los arriendos. Entonces al final el Paco me dejó ir, todo OK, pero cuando quise irme para mi casa me di cuenta que no tenía la BIP, y ¿cómo me voy a subir al metro sin la BIP? Así que quise volver al supermercado para buscar mi tarjeta y ahí el mismo Paco me dijo que no, no me daba permiso para entrar, paco bastardo me encanó ¡No entendía ruegos ni nada! Al final le dije que él ganaba su sueldo de mis impuestos y que ni siquiera impone en la AFP, #No+AFP, entonces me quisieron llevar presa. Por suerte una gente súper buena onda, porque así es mi Chile castigado y empobrecido, solidario, bueno por naturaleza, me defendieron y a las finales salió alguien desde dentro del supermercado y me devolvieron la BIP. Cuento corto, yo ya no tenía nada que hacer ahí así que me fui a la casa y me hice una ensalada de porotos verdes, después terminé de postular al proyecto (crucen los dedos) y ahora no sé ¿Friends o Sex & the City? Yo soy una Miranda 100%, aunque a veces Carrie jejeje. Confesiones desde el confinamiento”.


2 likes.

Post Antipolítica Partidista

Uno puedo estar casi siempre de acuerdo con este grupo, pero su absolutismo moral es devastador. Porque uno los conoce bien. A ellos y sus cochinadas. Hablan desde la cúspide de una torre de marfil desde donde, con insalvable lejanía, apuntan con el dedo: tú, tú y tú. Algunos sacan a colación antiguos resentimientos, como, por ejemplo, no haber salido elegidos en el concurso público de fondos culturales e, incapaces de lidiar con la frustración, ven en el logro ajeno cualquier cosa menos capacidad. “Es que Aníbal, tú hablas desde el privilegio”, “tú nunca has pasado por esto que yo abordo críticamente”, “parece que a ti Anibal, te hacen falta un par de lecturas”. Como si las Redes Sociales fueran el Ágora Griega donde Sócrates y Menón abordaran el origen y naturaleza de la virtud. Y como si uno no supiera que el crítico anti-todo (porque no existe absolutamente nada, pero NADA positivo en la gestión de la vida personal ajena) tiene un historial de traiciones, envidias, cahuines y despidos –debidamente expuestos tanto en la Inspección del Trabajo a fin de “cagarse” al jefe como también en Facebook– que se deben solo a su incapacidad y falta de inteligencia y destreza. ¿A cuántos eliminé de esta lista? ¿9? ¿10?

La amiga en cuestión dice (escribe): “Es una vergüenza que el presidente tenga la desfachatez de solidarizar con una fascista que honra las fechorías de la dictadura y las violaciones a los Derechos Humanos y la premie con un puesto en el ministerio. Nosotres no podemos permitir que se juegue con les sueñes de todes”. 12 “likes”. ¡Hurra! ¡Al fin un logro en la vida! Ok. Eso, escrito y redactado por alguien a quien yo mismo oí reírse a carcajada limpia de la secretaria inmigrante, el activista de orientación sexual ambigua, la divorciada reciente, a la que se le quemaron los pantalones y lucía la marca de la plancha en el trasero “oye, mira, tienes una mancha en el vestido”. ¡Fuera de mi lista!


O el infaltable facho. Aquí la cosa se pone color de hormiga porque conociendo uno los orígenes y maniobras financieras del susodicho hay que quedarse callado no más. “¿Hasta cuándo estos Mapuches siguen con la huevada de recuperar tierras? Tierras que encima no trabajan, puro desperdicio, eso digo. A mí nadie me regaló nada. Ni a mí ni a mis antepasados alemanes que llegaron con una mano por delante y otra por detrás. Puro ñeque. La mamá –que es presidenta de Damas Europeas y escribe en el diario El Cóndor– ha tenido que trabajar toda su vida, como debe ser. ¿Solución al conflicto? Yo pondría a todo el mapuchismo a trabajar, arar y cosechar como lo hicieron nuestros tatas, a ver si les van a quedar ganas de seguir reclamando “tierras ancestrales”. Ah, ojo, porque eso sí, los campos los llenaría de cercos electrificados, al primer mijita que quiera salir porque el trabajo es too much que se reviente contra el portón. Debieran experimentar la vacuna con estos majaderos buenos para revolverla, es lo único que saben hacer” (feeling angry at Angol). Conozco menos de estos, pero a los que tenía, sayonara.


En tiempos de pandemia y crisis de nervios si no es posible eliminar las Redes, entonces filtren. Al menos uno no se enfrenta a tanta estupidez desatada y a gusto del consumidor.

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