• Anibal Venegas

Tipos Machistas y tipos de machista. Parte I

Marzo, el mes de la mujer. Este 2021 no me uní a ninguna actividad a propósito del 8 por un simple motivo: aún no estoy vacunado y me dan pavor las multitudes. Un año entero sin usar transporte público, sin comer al interior de restaurantes, sin comprarme pantalones, sin viajar, un año de participar solamente desde el balcón. El conocido y ancestral miedo a la muerte. Pero en el universo de las mascarillas y el distanciamiento, sigo igual de feminista que en 2000, cuando se me fue al suelo el velo de ignorancia gracias a una biografía de Mozart: a menos de la mitad del libro su hermana María Anna, Nannerl, igual o quizá más talentosa que Wolfgang Amadeus, desaparecía de la historia, así, de repente, porque en tanto mujer no podía proyectarse en una carrera musical respetable ni muchos menos relevante. Imposible. Su condena, como la de tantas mujeres, fue el corpiño, la peluca, la cocina, el matrimonio, la interminable crianza. Las cosas fueron cambiando a lo largo de los tiempos, para mal, para bien y otra vez para mal y de vez en cuando para bien, la historia es el eterno retorno de lo mismo escribiría Nietzsche, con la esperanza de que Lou Salomé le diera “la pasada” ¿Por qué iba a hacerle caso ella a un viejo cargante y sus menjunjes?


¿Por qué una chica joven debe oír los tontos piropos espetados de la boca maloliente de un Uber en el Santiago de Chile del 2021? me preguntaba camino al otorrino. El Uber me miraba buscando complicidad, camaradería de boîte, argumentando que “para este lado [Las Condes] las minas son más ricas”. Increíble. Yo pensaba que esa especie estaba en extinción. El típico Macho Machista. Pero cómo va a estarlo si una de las candidatas a la Constituyente, la Marinovic, tiene colgado de YouTube un video donde explica por qué no es feminista, refiriéndose al impulso natural del hombre a poseer y el de la mujer a ser poseída, un poquito de violencia controlada no es mala, mis hijos son encantadores, argumenta la postulanta en 8 minutos. Suficientes para acumular 714 mil vistas, 32 mil “me gusta” (frente a 3 mil no me gusta) y más de 5 mil comentarios, la mayoría de felicitaciones, “dices las cosas como son”, “al fin alguien cuerda”. Y por supuesto que tiene sentido el comentario imbécil, si hay senadora de la República en su puesto gracias a los logros de mujeres que lucharon por abrirse espacio en el legislativo y que ella ha usado como vitrina para decir que ellas “prestan el cuerpo”. A Bachelet no le perdonaron ni el “sobrepeso” ni que fuera “mala madre”, y seguramente las “peguitas” de ONU Mujer y del Alto Comisionado de Derechos Humanos se las ganó en un raspe.

La gran Tere Marinovic

Hablemos entonces de tipos machistas. De tipos de machistas hombres. ¿Las hay mujeres? Desde luego que sí, para muestra los ejemplos citados. Pero en esta parte I centrémonos en mis congéneres y sin lenguaje inclusivo, después de todo, me crie en el grupo, por naturaleza e inclinaciones estéticas pertenezco a él. Y con humor para no llorar mares de lágrimas. Porque por desgracia, en el Chile de 2021, todavía revolotean aves de rapiña que “jotean” y que quieren despedazar a su presa con uñas y dientes para acto seguido hacer alarde de tan ilustre hazaña. Después se burlan en Redes Sociales de las “feminazis”, algo así como una sociedad de cófrades tan feminista que sería capaz de arrojar cuerpos semivivos directo al horno crematorio.


Tipo A: El Machista Masculino

O debiera ser “el masho” recalcitrante. En bajada, sí, pero existe. Se trata del subtipo más aberrante y el que se viene de inmediato a la cabeza cuando se lee “cosificación” en los clásicos del feminismo, tanto de inspiración marxista como los escritos por Simone de Beauvoir. Pensemos en el subgrupo criollo, de las cuitas gringas se encargarán los trovadores de los andurriales del hemisferio norte. Aquí la clase social, simpatía política, color de piel, estructura ósea, el pelo, todo, todo se va al carajo porque comparten un solo hilo conductor: la mono-neurona. La única en constante y lamentable actividad. Esa que impele al muy homofóbico señor de guata cervecera a renegar del almuerzo porque las papas con chuchoca están saladas y el viejo resulta que ahora, en plena cincuentena, es hipertenso. Se pasó gran parte de los 20, los 30, los 40 y principios de los 50 gastando plata en los Casinos y otros vicios que incluían encontrones con la ley y la moral, pero con tanta “enfermedad de base” el viejo se vuelve bueno por naturaleza y prioridad en salud pública.

Machistas Masculinos en la pega.

Total, igual lleva plata para la casa, para la hija magíster en hacerle huevos revueltos al hombre –el que sea–, y para el hijito (la fabrica se cierra en dos, hay más descendencia en otras sucursales irrelevantes, no cuentan hasta la tramitación de la posesión efectiva jejeje) cuya faena, independiente de la orientación sexual o género, debe ser el seguimiento con atención MAYÚSCULA de una sola cosa: fútbol. Desde Vitacura a Cunco Chico. Y la mujer dele que dele con el tejido, la lavadora o las manualidades que es lo único que sabe hacer para decorar la tele, esa donde el “viejo querido” se pasa unas buenas y ebrias horas de cara al peloteo. De no haber manualidades ni cerveza ni tele, puede ser el caso que el “viejo querido” se ponga malhumorado, propine una buena zurra o abandone la casa y se desentienda del pago de la pensión alimenticia. Así que: tranquilita.


Si fue criado en hogar machista con plata, es decir por la mamá vía la nana porque el papá solo sabía ser eso, papá, o sea, nada, la mujer de buena familia que se casó con él debiera azotar la cabeza contra el pavimento ante tamaña suerte. ¿Qué es la imposibilidad de lograr algo en la vida propia frente a la evidencia científica, medible y cuantificable, de los muebles de cedro de la cocina, la 4x4 y por supuesto, no olvidar, cómo es posible, la gran adquisición, el tema a debatir en los WhatsApp, la dichosa cama de alerce nativo y pisos vitrificados a juego con las sillitas Valdés y las cortinas de roll que envuelven la habitación en las tinieblas? No cualquier mujer puede decir de sí misma: a mí mi marido me tiene nana, piscina, jardín y termopaneles, y desde luego (gracias querido, te adoro, ah, sí, también a los niños) una segunda cosa, una segunda casa con nana y piscina, otro jardín y otros termopaneles para unas lindas vacaciones en los lagos del sur sin él la mayoría del tiempo, parece que anda con la sucursal en Aruba, mejor me quedo callada a fin de no ver perjudicada mi felicidad prematuramente. Son los hijos de estas familias los que componen el sub-grupo del machista zorrón, el de la “misa clandestina” y el grupito de meterse a pata pelada al Portal de la Dehesa, total, a ellos nadie puede confundirlos con mecheros.

El gran orgullo de la mujer de Machista Masculino

En el lado opuesto del poder adquisitivo están los criados en hogar machista… sin plata. El ciclo se repite una y otra vez. Si consiguen ir a la universidad o no, eso da igual, la única diferencia es que su futura “esposa” y los dos niños deberán contentarse con una sola vivienda. Primer piso de ladrillo estucado, segundo de madera plástica como informan a la parentela. Con patio eso sí, que desde luego se verá disminuido por las respectivas ampliaciones, el famoso “agregado” con el que la mujer deberá saltar de alegría ¿Acaso no debiera ser feliz sin límites con la “loggia”, el quincho y la bodega para albergar cilindros de gas de 45 kilos? Porque la de al lado muy mamá de doctora en física será, pero sólo puede permitirse el de 15. Y ni soñar con teja asfáltica. Para compensar tanta buena racha, la mujer debe fregar al viejo desde que abre los ojos por la mañana hasta que los cierra para siempre, ya sea por cirrosis hepática o el impredecible infarto.


Por supuesto habrá ley del hielo, insultos, quemaduras de cigarros y palizas, lo que traerá infinita satisfacción, a él.


En el caso de que en ambos grupos levante la cabeza una feminista o el temible hijo homosexual fanático de la Judith Butler (en tanto mujer, la lesbiana no cuenta), como ahora las azotainas pueden ir a dar a la fiscalía perjudicando la reputación de la familia católica o evangélica ante las implacables Redes Sociales, hay que evitarlas. Pero existen otros trucos mucho más finos, como, por ejemplo, eructar en la mesa, golpear el cuerpo del hijo a punta de limones o tomates podridos ¡no dejan marcas! O en el peor de los casos, mandarlos a estudiar sus mariconadas a provincia. Tanto Allende como Pinochet son buenos futres, el encontrón político entre personalidades de diversa índole halla bálsamo en el odio hacia el “rarito”, “la tontita”, “la tortillera”. “¿Pero mijita, tan bonita que es usted, por qué no le hace caso al papi? ya pues, coma un pedacito de cordero, ¿qué es eso del veganismo?”, “aquí tiene dos mil pesos para la caja de vino”, “¿Así que teatro quería estudiar el perla?”. Todos tienen derecho a voto y por desgracia, lo ejercen.


Si al Machista Masculino, aconsejado por la cultura, se le ocurre desentenderse de la familia porque en verdad tanta exigencia puede llegar a abrumarlo y a tal punto la sucursal resulta conveniente, entonces los paradigmas cambian. En el caso del señor con plata la mujer es capaz de lograr un buen arreglo financiero porque su parentela (también machista) incluye a picapleitos expertos en quitar hasta el último peso, entonces el dinero compensa la infelicidad de una vida sin marido y sin golpizas. En el segundo grupo, bueno, siempre estará la gruta, San Sebastián, lo Vásquez o el pastor del templo, lo más probable es que le adeuden la pensión alimenticia por los siglos de los siglos. Si en ambos grupos el Machista Masculino ya no tiene bocas que alimentar, la mujer será abandonada a su suerte, para la primera siempre existe la posibilidad del intrincado mundo de los bienes raíces, para la segunda la venta de baratijas por catálogo o bien la manipulación de alimentos, o unión y amarre de parejas. A varias le bajan poderes sobrenaturales con motivo de un terrible divorcio.


Tipo B: El machista zorrón

Normalmente joven, muy joven, o por lo menos sub 40. Lo que sea que diga el tarado de este grupo –o sea, todos– debe ir antecedido de un “en verdá”. Todo es “en verdá” y “como que” y “como que en verdá” y a veces también, por supuesto, “en volá que fino” y “topado” pero también “topadísimo”. Su vida es un terno as if. La maldita costumbre de no terminar las frases. Porque claro, carecen de contenido. Por la chita el grupo penca. Criados en hogares machistas hasta los tuétanos y en su mayoría abrumadora de altos ingresos, de pequeños se saben los reyes del mundo. Se lo dice la publicidad que elogia sus rubias cabelleras, se lo explican (según ellos) las “minas” que se “comen” en los carretes, lo dice el papá-gerente en la mesa de ébano y sillas Breuer, parece que lo piensa la mamá también, vaya a saber uno, la vieja se lo pasa enchufándose clonazepam antes de irse a la cama, de otro modo: ¿Cómo es posible hacerle el favor al viejo seboso que tiene ahí en frente? Medio dormida, sí, pero no vaya a dejarla sin plata para las inyecciones de ácido hialurónico y bencina de 97. La nana es en realidad parte del decorado, aunque desde luego ama con locura al príncipe, quien muy a menudo se burla de su ascendencia indígena o de los nombres de su prole.

El machista zorrón ve a las mujeres como el pelo rubio de sus piernas y brazos en contraste con la dermis algo carbonizada por efecto de tanta exposición al sol, es decir, como algo que le cuelga de alguna parte y que simplemente embellece. Son coleccionables, pero no como un Fabergé (no tienen ni idea qué es eso), más bien como las lanitas de mierda que se pone en los brazos para lucir lo más californiano posible. Tiene hasta un olor: mezcla de “Happy” de Clinique con piscola y cucharas de alpaca. Lo peor es cuando, alrededor de un asado de cordero al palo o bien en el Club de Baile o una estupidez llamada “previa”, se larga a hablar de política, por cinco minutos, sí, pero vociferando cada disparate y con la polola completamente estupidizada mirándolo como si fuera la Piedra Roseta.


Después todo es un griterío, que el Jeep, que el reggaetón, que la piscola, que sus minitas. Si las pololas se esfuman es posible también arrimarse a otras mujeres, eso sí, de las de usar, las que dan vida a la famosa práctica del chaneo. Chicas morenas que con esa “weá” del feminismo escasean cada vez más, pero siempre hay una afuerina buscando felicidad donde no le corresponde. Los machistas zorrones solían “bajar”, pero con lo del estallido, tampoco quieren comprometer la integridad del auto. Son prevenidos. Huelga decir que la mujer, en vertiente cuica y de arrabal, es contemplada como un medio para alcanzar un fin, que no es el pololeo, noviazgo, no, no, eso muy del Techo: primero que todo la eyaculación y, segundo, que los amigos les den palmaditas de felicitaciones.


Creen que Lastesis son lesbianas y que están ahí porque son feas y que todas las que van a “Dignidad” son unas pencas resentidas sociales. ¿Sigo?


Tipo C: El Machista Intelectual

Bien insoportable el troglodita. Resulta que, a diferencia de los otros, este tiene comprensión de lectura. Pero comprensión de mierda. Dele con comentar a Marcel Proust y renegar del feminismo porque él se devoró The Weaves (por supuesto que en versión original) cuando estaba en segundo medio. Entonces todo lo que él leyó hace años ahora recién es moda por lo tanto ahora, sí, ahora que se empieza a concretar… el fresco tiene miedo. Le da pavor perder el status quo que antaño le permitía ser rebelde y compatibilizar el estudio sistemático de la filosofía de Hintikka con la certificación PADI, porque en general es cuico, aunque también puede venir de un hogar Machista Masculino pobre. En cuyo caso…

En su estado natural: enseñándole a una mujer lo que ya sabía.

… En cuyo caso participa de las reyertas post 18 de octubre, encabeza cabildos y “barrios organizados”, pero no se le vaya a meter una minita de por medio. Si está buena, ya, que hable, si es fea, igual con dos cajas de vino.


La idea de que exista una mujer de igual peso intelectual o incluso superior al propio es impensable para este machista. Es lo nunca visto.


Tipo D: El Machista Gay

Aunque parezca increíble, la comunidad LGBTQ2+ alberga en su seno a miembros (hombres) cuya orientación sexual se ha visto impermeable a la crítica del feminismo, que normalmente recoge el guante respecto a sus cuitas, cosechando pura ingratitud. Resulta que hay gays que opinan que debe rebajarse la edad de consentimiento a los 12 o 13 años, y al mismo tiempo condenan severamente el aborto, cómo es posible que existan mujeres perversas y promiscuas que decidan, así nada más, terminar con la vida del que está por nacer. Algo en el camino a la universidad o al MBA en Europa o Estados Unidos –aquí nuevamente opera el choque de clases– impulsó al joven amante de la gimnasia rítmica a tratar de renegar de sí mediante mecanismos de heterosexualidad simbólica. Pero lo que comienza a modo performance termina adhiriéndose al espíritu y al cabo de unos años el joven machista gay declara: soy de la UDI, a favor de la vida y contrario al matrimonio igualitario.

De niño amante del cotilleo

Entonces cultiva un bajo, bajísimo perfil, asiste al fonoaudiólogo para amachar la voz, viste pantalones Docker’s y se mete en organizaciones cerradas tipo Opus Dei, donde es posible responder a la intromisión de la parentela cuica a propósito de la eterna soltería con la investidura Numeraria. Y en el caso de llevar vida propia, igualmente andará del brazo con los otros gays de Derecha que no pueden ver ni en pintura a Michelle Bachelet, qué fea, a la Reina Leticia y a la Duquesa de Sussex (no son “realeza”) y que votan por la UDI ya que su familia sufrió en carne propia la usurpación de fundos en la Unidad Popular. Huelga decir que no soportan a los Mapuche. Por lo tanto, el curso natural de este machista es odiar a las mujeres, salvo, como no, a sus divas: Madonna, Meryl Streep (El Diablo se viste de Prada), Irina Viner-Usmanova y la Baronesa Liliane de Rothschild, fanática de otra de sus divas, María Antonieta.


En tanto la mujer no sirve para concretar el amor ni menos para ascender en la dichosa empresa, en el caso de tener una mejor amiga siempre, SIEMPRE será la casada con una del tipo A, a saber, Machista Masculino. Si por experiencia cae en cuenta que la amistad resulta conveniente, entonces tendrá varias de esas que no obstante llevarlo de invitado a un buen shopping europeo o en el Bazar de Estambul o ir juntos al gym, la desprestigiará de pies a cabeza, eso sí, mediante un pacto: no se lo digas a nadie. No se lo comentes, pero el marido de la Vero le pega, no se lo digas a nadie pero la Vero se pone bótox, no se lo digas a nadie pero… ¡la hija de la Vero está esperando guagua! Y la pobre Vero dele que dele con regalos finos para la pascua. Este machista gay es a la Vero lo que el chulo a la dama de compañía. Hasta el último centavo. Por eso vive en un departamento precioso, lleno de cachivaches caros obsequiados en esas fiestas de tan buen gusto y tono, aunque una vez terminado el Cosmopolitan o los Daiquirís empiezan a pelar a medio mundo, normalmente mujeres.


Por eso mismo tienen entre sus ídolos a la Doctora Cordero, la Raquel Argandoña o su sucedáneo, la Quel, de donde obtienen los conocimientos esenciales para entender eso que Simone de Beauvoir llamaba el eterno femenino y que ellos no solo ayudan a perpetuar, sino que fustigan con la mirada. Encontrar la felicidad en la negación propia necesariamente implica negarle agencia a la mujer, de ahí que nunca podrían simpatizar con el 8 de marzo. ¿Para qué odiar y resentir tanto, si las penas se pueden lavar en una rica torta de las Bezanilla?


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